martes, 13 de mayo de 2008

El pan nuestro de cada día está en todas partes

Algunos bajan las vidrios que protegen las ventanas de los carros, miran los productos y dicen “no gracias”, otros sencillamente encuentran algo que necesitaban y optan por comprar, los menos interesados no voltean la mirada e ignoran a la persona que durante unas ocho horas se mantiene parada bajo el sol a la espera de que el semáforo encienda la luz roja para encontrar la posibilidad de vender.


La situación económica por la que atraviesa el país se evidencia en aquellos que forman parte la tasa de desempleo en Venezuela. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) actualmente se ubica en 10,1%. El INE asegura que es la menor de los últimos tiempos.


Sin embargo la economía informal crece y no hay que ir muy lejos para determinarlo. Raúl Cordova tiene 20 años, entre sus sueños está iniciar una carrera universitaria para darle un mejor porvenir a sus tres hijos, pero las circunstancias lo han obligado a buscar el sustento diario de una u otra manera.


“Refresquese, refresquese” cuando en la avenida Nueva Esparta de Puerto La Cruz el fiscal levanta su mano para detener el tránsito. Con una cava guindada a su cuello puede vender hasta 300 helados diarios que le proporcionan una ganancia 70 bolívares fuertes por día. Lo que representa un ingreso económico superior al sueldo mínimo, siempre y cuando trabaje durante un mes sin descansar.


Caminando de espaldas, muy de cerca a Raúl se encuentra Luis Hernández, cuya piel muestra claramente los daños del sol. Diez años tiene en esta profesión, nadie le proporciona mercancía, él debe destinar una parte de sus ingresos para viajar a Maracy y comprar para luego revender.


Luis el sustento de su casa, dónde tiene seis hijos. Todos los días lleva Bs. F 50 y no conoce otra forma trabajo, pues simplemente no ha tenido mejor oportunidad.


Esperando por el timbre

Cuando le “ring, ring” de la escuela Rodolfo Maurera de Puerto La Cruz suena a media mañana, significa que es la hora del recreo y fiel durante 11 años ha estado delante de sus rejas la comerciante Nolva Serrano. Chupetas, caramelos, pepitos, galletas y otros dulces se exibhen en su pequeña carreta, los niños legan como hormiguitas contando las monedas para saber que comprar.


Pero Nolva no está sola, en uno de sus brazos y en una silla debajo de una sombrilla están sus pequeñas de tres y ocho años. Cada mes que culmina se da cuenta que no sus ingresos no llegan a sueldo mínimo y por ello familiares y amigos le ayudan para mantener su casa, pues es madre soltera.


Confiesa que mantenerse en pie no es sencillo “y menos en estos tiempos”, por eso decidió superarse y actualmente realiza cursos universitarios.


José Ángel Días es su vecino de trabajo a sus 50 años las obleas y los “capullitos” son los más solicitados por los infantes. “Señor deme una oblea, pero me falta dinero”, ese es un impedimento, José Ángel sonríe y prepara el dulce”.


Cuando las ventas están bien lleva 50 bolívares fuertes a su casa de lo contrario se conforma con lo que Dios le depare.

No hay comentarios: